La flor de siete cueros (Tibouchina lepidota) es una de las especies más llamativas de los bosques andinos y, para muchos habitantes de Cundinamarca, forma parte del paisaje cotidiano. Sin embargo, pocos saben que esta flor también es protagonista de uno de los elementos de seguridad del billete de $100.000 colombianos, convirtiéndose en un símbolo de la riqueza natural del país.
Presente en municipios de la Sabana Centro como Zipaquirá, Cajicá, Chía, Sopó, Guatavita y también en Bogotá, esta especie destaca por sus intensas flores de color violeta y por su importante aporte a los ecosistemas.
Una especie nativa de los Andes colombianos

La flor de siete cueros proviene del árbol conocido con el mismo nombre, cuyo nombre científico es Tibouchina lepidota, una de las especies ornamentales más representativas de los Andes de Colombia, Venezuela y Ecuado
En Colombia se encuentra principalmente en departamentos como Cundinamarca, Boyacá y Antioquia, donde crece de forma natural en bosques ubicados entre 1.800 y 3.200 metros sobre el nivel del mar.
Gracias a esta adaptación, es frecuente observarla en buena parte de la región de la Sabana Centro, donde cada temporada de floración transforma parques, senderos y zonas verdes con su característico color morado.
¿Por qué se llama siete cueros?

Su nombre no está relacionado con la cantidad de pétalos ni con sus flores.
El árbol recibe el nombre de siete cueros porque su corteza se desprende en varias capas muy delgadas, como si estuviera formada por diferentes «cueros» superpuestos. En realidad, no siempre son siete; este número hace parte de la tradición popular con la que ha sido conocida durante generaciones.
Características de la flor de siete cueros
Esta especie es considerada una de las más vistosas de los Andes colombianos gracias a sus llamativas flores.
Entre sus principales características se encuentran:
- Flores grandes de color violeta, morado o lila intenso, con cinco pétalos.
- Puede alcanzar entre 5 y 15 metros de altura.
- Hojas verdes oscuras con nervaduras muy marcadas.
- Durante la floración, el árbol puede cubrirse casi por completo de flores, ofreciendo un espectáculo natural que resalta en parques, caminos y montañas.
Un árbol fundamental para los ecosistemas
Además de su belleza, el siete cueros cumple una función ecológica de gran importancia.
Sus flores atraen abejas, mariposas y otros insectos polinizadores, fundamentales para la reproducción de numerosas especies vegetales.
También sirven de alimento para diversas aves, entre ellas los colibríes, que encuentran en su néctar una importante fuente de energía.
Por estas razones, el árbol es ampliamente utilizado en proyectos de restauración ecológica, recuperación de bosques y programas de arborización urbana en diferentes municipios del país.
La flor que aparece en el billete de $100.000

Desde el 31 de marzo de 2016, la flor del siete cueros hace parte del diseño del billete de $100.000 emitido por el Banco de la República.
En el reverso del billete aparece acompañando otros símbolos naturales de Colombia como:
- El Valle de Cocora, en el Quindío.
- La palma de cera, árbol nacional.
- El pájaro barranquero.
- La imagen del expresidente Carlos Lleras Restrepo.
Su inclusión busca destacar la biodiversidad de los bosques andinos y la riqueza ambiental del territorio colombiano.
También ayuda a identificar un billete auténtico
La flor del siete cueros no solo tiene un valor ornamental dentro del diseño del billete, sino que también hace parte de sus elementos de seguridad.
Al inclinar el billete, la imagen de la flor ubicada en el costado izquierdo presenta un cambio de color de verde a azul. Al mismo tiempo, el círculo verde ubicado en su centro genera un efecto de movimiento, además de revelar una imagen oculta, características que ayudan a verificar la autenticidad del billete.
Un símbolo natural que florece en la Sabana Centro
Aunque miles de personas observan la flor del siete cueros en el billete de $100.000, pocos saben que esta especie florece muy cerca de casa.
En municipios como Zipaquirá, Cajicá, Chía, Sopó y Guatavita, es posible encontrar estos árboles adornando parques, separadores, zonas rurales y bosques andinos, recordando la extraordinaria biodiversidad que caracteriza a Cundinamarca y que incluso ha sido inmortalizada en una de las piezas más representativas de la economía colombiana.




